
Visionarias las palabras que
Gaudí recitó a un grupo de amigos íntimos, un mes antes de morir, durante un desenfadado almuerzo en Vallvidrera. En aquel momento, nadie comprendió el vaticinio del arquitecto preferido de los japoneses. Su atropello, el socavón del Carmel y ahora el de Colonia (Alemania), ayudan a entender mejor el mal augurio.
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